OSTEOPOROSIS: SU ABORDAJE DESDE LA FISIOTERAPIA

La osteoporosis es una enfermedad metabólica que se caracteriza por la pérdida progresiva de la cantidad y la calidad del hueso, haciendo que éste se vuelva frágil y poroso.

Los principales factores de riesgo que predisponen la aparición de la osteoporosis son el estrés, el sedentarismo, los déficits nutricionales, patologías como la diabetes o el hipotiroidismo, el consumo recurrente de tóxicos, pasar largos periodos de inmovilización, y el descenso en los niveles de estrógenos como ocurre en la menopausia.






La osteoporosis genera una disminución de la calidad de vida de las personas manifestando síntomas como:

- Mayor riesgo de fracturas, sobretodo de cadera, muñeca o cuerpos vertebrales.

- Dolores o molestias musculares.

- Pérdida de masa muscular y de densidad ósea.

- Fragilidad en los huesos.

- Deformidades.

- Inestabilidad.

- Alteraciones en el control postural.

- Deformidades de los distintos segmentos corporales.

Por ello es fundamental la prevención, actuando antes de que ésta empiece a manifestarse, y, su temprano tratamiento una vez haya aparecido.

Desde la fisioterapia apostamos por contribuir al bienestar de la persona, previniendo su aparición y su rápida progresión. Aunque el tratamiento siempre será individualizado y personalizado según las circunstancias de cada persona, algunas de las recomendaciones generales que debemos tener en cuenta son:

Ø Prescripción de ejercicio terapéutico, como pauta fundamental para fortalecer el sistema musculoesquelético. Con suma importancia en la realización de ejercicios de fuerza muscular, ya sea con pesas, bandas elásticas o con el propio cuerpo. También, será importante añadir ejercicio aeróbico y de flexibilidad articular.

Ø Actividades de equilibrio y coordinación para disminuir el riesgo de caídas.

Ø Trabajo de control postural.

Ø Ejercicios respiratorios y de relajación, con la finalidad de manejar el estrés.

Ø Tomar baños de sol de 15-20 minutos diarios que nos permitan fijar el calcio de manera adecuada.

Ø Terapia manual, mansajes y estiramientos en casos de dolor o rigidez muscular.

Ø Terapias instrumentales que permitan mejorar la calidad del tejido muscular.

Ø Actividades para trabajar la marcha, en fases avanzadas donde la inactividad esté muy presente.

En resumen, la gran mayoría de recomendaciones implican movimiento, ya que el cuerpo lo necesita para encontrarse en un estado de bienestar óptimo. Por eso, si sufrimos osteoporosis o queremos prevenir su aparición debemos introducir hábitos de ejercicio físico en nuestra rutina diaria, que permitan mejorar nuestra calidad de vida.

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