INTOLERANCIAS ALIMENTARIAS

Las intolerancias alimentarias consisten en reacciones de nuestro organismo no inmunitarias, a diferencia de las alergias.

Entre ellas, destacan la intolerancia a la lactosa, a la fructosa o al sorbitol. Estas pueden estar producidas debido a una causa primaria, es decir, que afectan directamente a la rotura de estas moléculas impidiendo su posterior absorción (mutaciones genéticas, intolerancias prematuras en neonatos...)

Pero también puede producirse por una causa secundaria y que, en muchos casos, pueda ser reversible si se detecta y se trata a tiempo. Esto sucede en la mayoría de los casos y, es por eso, que una buena anamnesis del paciente es esencial para poder controlar la situación.

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En ambos casos (por causa primaria o secundaria), cuando esto sucede, las moléculas de fructosa, lactosa o sorbitol llegan intactas al intestino grueso y, allí, son fermentadas por la microbiota presente.

En condiciones normales, no llegan moléculas tan grandes a esta sección del cuerpo y su fermentación por las bacterias únicamente produce un poco de gases (o también conocidos como pedos). Pero cuando hay una intolerancia y, por consecuencia, una malabsorción o maldigestión, a la microbiota le llega un banquete de comida demasiado grande y, como consecuencia se producen más gases y productos derivados de este proceso.

Algunos de los síntomas típicos de estas intolerancias son:

· Cansancio

· Distensión abdominal o Hinchazón

· Flatulencias o gases

· Diarrea

· Falta de concentración

El tratamiento dietético de estas intolerancias secundarias dependerá del diagnóstico del paciente y tendrá como objetivo reducir la sintomatología y evitar o revertir posibles déficits nutricionales. Estos déficits pueden deberse a la propia intolerancia, pero también a las dietas restrictivas que se suelen recomendar sin criterio científico: ayunos, dietas vegetarianas, dieta baja en FODMAPs... son parte de las estrategias más recomendadas en las búsquedas por internet.

Si tienes molestias digestivas y llevas arrastrándolas tantos años hasta el punto de que limiten tu día a día, acudir a un Dietista-Nutricionista especializado en el ámbito puede ayudarte a reducir tu sintomatología. Él o ella te guiará en este proceso con paciencia y empatía para que vuelvas a recuperar esa normalidad. Aun así, es importante tener en cuenta que el tratamiento se realiza de forma multidisciplinar, ya que existen muchos factores implicados en la aparición de los síntomas y, en consecuencia, si se trabajan todos, habrá más posibilidad de éxito.



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